A continuación, Macri tomará café con Bill Gates, CEO de Microsoft y uno de los líderes mundiales que más foco ha puesto en la relación entre la lógica del trabajó y la infinita creación tecnológica. Gates y el presidente comparten un mismo pensamiento: cómo hacer para que los algoritmos, la big data y la robotización no alumbren un mundo distópico e irremediable.
Cuando Gates abandone la Casa Argentina, entraran a escena directivos poderosos de Temasek International, Total, Cargill, Coca Cola y Lloyd´s. Se trata de una reunión importante, porque son empresas vinculadas a la alimentación, a la agro exportación, la energía y los seguros. Macri pretende que estas compañías multipliquen sus inversiones en la Argentina, y la ronda de café servirá para que el Presidente describa su experiencia en Moscú y ratifique su promesa de bajar los costos operativos que aún impone el Estado a los emprendedores locales y extranjeros.
Sobre el final de la jornada, Macri regresará a la política exterior para encontrarse con Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, la reina MáximaMark Rutte, primer ministro de Holanda, y Alain Berset, presidente de la Confederación Suiza. Al igual que con Merkel, el presidente busca aliados para contener la posición proteccionista de Trump y sus intenciones de transformar en papel mojado el acuerdo de Paris sobre Cambio Climático. Sobre estos temas habrá una formidable batalla política en el G20 de Buenos Aires, y Macri diseña su estrategia diplomática para no repetir los errores de Hamburgo.
Por la noche, aunque el frío castigue sin piedad, el presidente cenará con la delegación y luego se refugiará en el hotel Belvedere para ajustar su discurso ante el Foro Económico Mundial, que pronunciará mañana ante poderosos empresarios y líderes políticos que están en Davos. Una nueva oportunidad para explicar que Argentina busca inversiones y apuesta a construir puentes con la sociedad global.