Y lo dijo dirigiéndose explícitamente al ministro de Trabajo, Jorge Triaca, presente en el acto en nombre de Mauricio Macri, quien había sido invitado pero desistió de concurrir por compromisos previamente asumidos: vacaciones en Villa La Angostura, como se sabe.
El mensaje viene a cuento de la tibia oposición que la reforma laboral viene cosechando entre los principales gremios, pese a las simpatías que a priori obtuvo entre los gremialistas y gracias a la fuerte presión ejercida por las bases.
El Gobierno parece haber tomado nota del asunto y sobre todo de lo ocurrido alrededor del Congreso cuando impulsó el tratamiento y aprobación del ajuste previsional. Teme como a la peste que, teniendo en cuenta el carácter del nuevo ajuste, la mayoría de los gremios le copen la Capital.
Así, el macrismo decidió morigerar sus urgencias y dejar que el Congreso trate la reforma recién en marzo y no en las extraordinarias de febrero, como tenía previsto en un primer momento.
Como este martes publica el diario Ámbito Financiero, el oficialismo prefiere utilizar las extraordinarias para sancionar las leyes de la Competencia o la de Mercado de Capitales sin meterse de lleno en algo del que no sabrá cómo salir.
Muy probablemente, dejará entonces los dos primeros meses del año para intentar nuevos consensos, especialmente entre los sectores gremiales y luego en el PJ que responde a los gobernadores.