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“No quería ir con la mamá, pero conmigo se prendía y no lloraba”

“No quería ir con la mamá, pero conmigo se prendía y no lloraba”

El testimonio de Juana Epifania Dino (67) fue un pasaje al horror que la pequeña Selene Aylén Aguirre padeció durante sus últimos días de vida. Ayer, en la segunda jornada del juicio oral y público por el homicidio que tiene como imputados a Victoria Aguirre (24) y a Rolando Lovera (33), se dieron a conocer detalles aberrantes que permitieron graficar el sufrimiento de una víctima indefensa.

Al momento de su deceso la criatura tenía dos años y cuatro meses de vida y padecía una seria discapacidad que la limitaba para casi todo. No podía hablar y el llanto era su única manera de expresar dolor.

Desde hace más de 30 años Dino es una conocida curandera de Cien Hectáreas y vecina de la familia Aguirre, por lo que conoce a la imputada desde que era pequeña. Siempre tuvo un buen concepto de ella, hasta que en enero del 2015 la joven la visitó tres veces para que atienda a Selene, ya que la pequeña no dejaba de llorar.

“Llegó con la nenita llorando y al verla me di cuenta de que no era empacho ni ojeo lo que tenía. Estaba toda golpeada en la cabeza, los brazos, las costillas. No quería ir con la mamá, pero conmigo se prendía y dejaba de llorar. Yo le dije que eso no era para mí, que la tenía que llevar al hospital”, comentó.

La testigo declaró pasadas las 13.30, tras largas horas de espera en la antesala del SUM de la Unidad Regional II, en una jornada calurosa y extenuante. En tanto, transcurridos casi tres años del hecho, olvidó algunos detalles e incorporaron su testimonio por lectura.

“Le miraba con bronca a la hija”, declaró, al tiempo que confirmó que en pocos días la llevó tres veces para que la viera.

“La primera vez la nena tenía una mancha roja debajo del cuello y ella me dijo que eso era por la ropa, que le salió una alergia y me dijo que la trajo porque la nena no podía tomar nada, ni jugo ni leche, nada. Yo le ofrecí agua y me di cuenta que la nena se forzaba para tragar. La criatura lloraba mucho”, indicó.

“Una toalla en la cara”
En la continuidad de su relato, mencionó que “cuando yo le alzaba la nena no lloraba, pero la agarraba la madre y ella pegaba unos gritos”.

La última vez que vio a la criatura se asustó, ya que “venía llorando y cuando la miré, tenía un golpe en la cara color negro; en la mano otro golpe. La acosté, le levanté la remera y tenía otro golpe azulado en las costillas y ahí me enojé con Victoria y le dije por qué le golpeaba así tan feo, que si ella la llevaba al médico iba a quedar presa. Y ella me negaba todo el tiempo, me ponía de excusa que se caía, pero no podía ser porque esa nena no se podía mover sola, ni siquiera podía sentarse sola”.

Además del detalle de los golpes que evidenciaba Selene, la testigo mencionó que la madre negaba los hechos.

En ese sentido, declaró: “Yo le volví a decir que en todo caso le lleve con los abuelos y ella me dijo que no porque estaban peleados. La nena lloraba desconsoladamente y cuando yo le agarraba se tranquilizaba, pero cuando le iba a pasar a su madre ella me agarró de mi remera y no me soltaba, no quería ir con la mamá”.

“También observé que cuando le agarró a la nena y como ella no paraba de llorar, le metió una toalla en la cara. Yo le dije que ella era agresiva con la nena, que para qué le hacía eso. También vi que tenía moretones en las piernitas. Estaba muy golpeada la criatura”, agregó.

Luego prestó declaración Ramón Alvino Romero (47), hijo de Dino, quien ratificó que la nena estaba golpeada y se negaba a ir con la propia madre.

“Cuando llegaron a casa vi que la nena estaba golpeada, le pregunté a la mamá qué le pasó a la gordi y me dijo que se cayó en las escaleras. Mi mamá le dijo que eso que tenía era para llevarle al médico, y si te pasaste con la nena está complicado para vos”, manifestó.

Ante una consulta de la defensa de Aguirre, el testigo confirmó que es analfabeto, pero reconoció su firma en la declaración que efectuó en sede policial.

“La llevaba mi mamá en brazos y cuando le quiso pasar a la madre ella no quería, se prendía por la remera de mi mamá, no la soltaba y lloraba muy fuerte. No quería irse con su mamá, se notaba demasiado eso”, testificó Romero.

Otra ex 
Así como el lunes declararon dos ex parejas de Lovera, en la víspera lo hizo su esposa Carla Cabaña (26), madre de dos de los cinco hijos del imputado.

Contó que si bien estuvieron separados de hecho durante el tiempo que el imputado convivió con Aguirre, actualmente mantienen el vínculo. 
“Ella me escribía al Facebook y me decía que yo era una puta. Ella sabía que él (por Lovera) estaba en pareja y tenía dos hijos. Cuando me enteré de la relación de ellos fui a la Comisaría de la Mujer porque no quería que él gaste la plata de mis hijos con ella”, indicó Cabaña.

Incluso, aseguró que en una oportunidad Aguirre “se tomó el trabajo de esperarme afuera de un negocio para escupirme”. 
Sobre el imputado, reconoció que más allá de los problemas de pareja, “en todo momento estaba pendiente de sus hijos. Después de la separación siempre estuvo presente y cumplió con la cuota alimentaria. Nunca me agredió a mí ni a los hijos”.

Como dato anexo, la madre de la testigo también asistió a la audiencia de ayer como público y calificó a Lovera como “una excelente persona”.

La arenera y el auto
Desde un primer momento, Aguirre aseguró que las primeras semanas de convivencia con Lovera fueron óptimas, pero a partir del 21 de enero del 2015 el sujeto las mantuvo cautivas y las maltrató, al punto de ocasionarle la muerte a Selene.

Apoyó sus dichos en que era trasladada en un vehículo que no se podía abrir desde adentro, por lo que tampoco pudo pedir socorro durante los momentos en que se quedó sola.

Pero ayer, esa versión fue desacreditada por los dichos de Alberto Correa (39), quien al momento del hecho era empleado de la misma arenera en la que trabajaba Lovera y propietario del auto que usaba el imputado.

“Fue muy buen compañero en el tiempo que trabajamos juntos. Nunca tuvo problemas con nadie y en varias oportunidades le presté mi auto. Siempre le veía con esa chica, le pregunté si estaba de novio y me dijo que sí”, recordó.

Y agregó: “Noté cierto descuido como madre, porque ella estaba entretenida con su celular y la nena lloraba. Entonces Lovera dejó de hablar conmigo y le atendió a la nena. Me dolía porque soy padre de dos hijos y mi señora nunca hizo eso”.

Asimismo, descartó cualquier posibilidad de secuestro por parte del imputado, ya que siempre observó que la mujer se movía con toda tranquilidad. “Yo por ahí estaba charlando con él y ella venía a la arenera y le traía la cena. Para mí, secuestrada es otra cosa”, opinó.

Tampoco vio golpeadas a la madre ni a la hija. En cambio, afirmó que Lovera se preocupaba por la nena y compró una heladera nueva cuando se mudó con Aguirre.

Sobre las condiciones del auto que aún posee, indicó que siempre las trabas y manijas estuvieron en condiciones. En ese punto, la fiscal Estela Salguero propuso ver el coche de Correa, lo que la defensa de Aguirre calificó como irrelevante.

La cuestión demandó varios minutos de debate, puesto que el Tribunal y las partes son muy cuidadosos en cumplir con todas las formalidades para evitar cualquier contratiempo, sobre todo considerando que el primer juicio fue anulado por la recusación planteada por la defensa de la imputada.

Hugo Correa (26), otro ex compañero de Lovera, comentó que a veces aprovechaba para lavar el auto en la arenera y el acusado le ayudaba, circunstancia en las que veía a Aguirre con su hija. “Todo siempre fue normal”, precisó.

La clave de las cámaras
A su turno, Débora Simon (30), cuñada de Lovera y empleada de la arenera donde trabajaba, recordó que en una ocasión el acusado le comentó que vio que Selene tenía moretones, ante lo cual la madre le respondió que la criatura se ponía nerviosa y se pellizcaba.

“En otra oportunidad, él me mandó fotos de una herida en la mano que la nena tenía y que la mamá dijo que fue por una mordedura de gato. Él me preguntó que si yo sabía qué podría ser y consulté con una amiga pediatra, quien me respondió que más bien le parecía que era una quemadura”, indicó.

Luego mostró dicha foto y la conversación citada por WhatsApp que constan en su celular, con fecha 27 de enero a las 21.04, confirmó el Tribunal.

También comentó que junto al dueño y la Policía revisaron las cámaras de seguridad de la arenera del 29 de enero, donde se observa que Lovera ingresó solo y más tarde llegó Aguirre con su pequeña.

María Esther Viana (53), vecina de los padres de Lovera, desestimó que la mujer haya estado privada de su libertad en dicha propiedad, como declaró oportunamente.

“Lo veía a él que llegaba de trabajar y golpeaba la puerta para que ella le abra. Mi casa está pegada y nunca escuché ningún ruido extraño”, agregó.

José Aponte (39), amigo de la familia Lovera, contó que sólo dos veces se cruzó con Aguirre. “Una vez compartí un almuerzo en la casa de los padres de Lovera, Selene estaba inquieta y la madre le hizo callar, pero la nena por su problema de salud no entendía y seguía muy inquieta. Entonces él (por Lovera) se levantó, la alzó y la calmó”, afirmó.

Beatriz Carbalho (23), hija de una ex pareja de Lovera, testificó que el acusado “siempre fue muy bueno conmigo y mis hermanos, me ayudaba con la tarea y tomábamos tereré”.

Contradicciones 
Claudia Aguirre (38), hermana de la acusada, señaló que estando detenida la acusada le dijo que no podía contar la verdad porque estaba amenazada de muerte, al igual que sus padres.

También mencionó que estuvo incomunicada desde el 13 de enero, pero el padre declaró que el 28 habló con ella. En tanto, la misma imputada dijo que los maltratos comenzaron el 21 de enero.

Luego entró en contradicciones respecto de los supuestos dichos de Juan Amarilla, un conocido del padre de Aguirre, a quien la imputada le habría pedido auxilio.

“Mi papá me contó que se encontró con un señor que le dijo que se había encontrado con Victoria en un negocio y ella le pidió ayuda”, señaló.

A su turno, Juan Amarilla (51) no pudo precisar la fecha ni el lugar donde se habría encontrado con Victoria Aguirre.

Ante el Tribunal manifestó que “en la primera quincena de enero de 2015 me crucé con la hija del señor Aguirre en una calle de Tres Esquinas, yo salía de un negocio y ella entraba. Cuando salí ella me pidió que le avise al padre que estaba siendo maltratada por su pareja”.

Dijo que estaba apurado, no le dio importancia al asunto y se olvidó. Luego del hecho se encontró con el padre de Aguirre y le comentó lo sucedido.

La fiscalía y la defensa de Lovera hicieron notar las contradicciones respecto de lo que declararon las hermanas Aguirre sobre la fecha del presunto encuentro, ya que la primera quincena de enero choca con la declaración de la propia imputada, quien afirmó que el 21 comenzaron los problemas.

Hoy prestarán declaración los médicos que atendieron a la nena en el Samic, los peritos forenses y el policía a cargo de la revisión de las cámaras de seguridad. No se descarta que Aguirre haga uso de la palabra.

En tanto, para mañana se prevén los alegatos y el veredicto.
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