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Contradicciones en el relato de varios testigos del caso Knack

Contradicciones en el relato de varios testigos del caso Knack

Un policía que tomó la denuncia de Cristian Knack (25) antes de morir aseguró que el muchacho “no precisó la marca ni el color” del auto en el que huyeron los asesinos, mientras que un tío de la víctima, quien asistió como testigo a la misma declaración, afirmó que su sobrino dijo que los delincuentes escaparon en un Bora gris.

En tanto, un vecino de la familia Knack en el kilómetro 7 de la ruta provincial 5, localidad de Panambí, contó que el 25 de mayo del 2014 trasladó a Cristian hasta el hospital Samic de Oberá y el muchacho estaba lúcido, aunque no le comentó detalles del hecho. Pero en la instrucción policial figura que el mismo testigo afirmó que Cristian le contó que los encapuchados que irrumpieron en su casa portaban revólveres y cuchillos, lo que ayer desestimó de plano.

Por su parte, la misma enfermera que ofició de testigo en la denuncia del joven señaló un dato que no pasó desapercibido para las defensas de los tres imputados, ya que mencionó que el joven “hablaba a lo chamamé”, por lo que los policías habrían asentado su denuncia con palabras diferentes a las que utilizó la víctima. “Era como arreglado el discurso, él tiraba datos y acomodaban”, mencionó de manera textual.

Dichas contradicciones e inconsistencias surgieron en la víspera, durante la tercera jornada del juicio oral y público por el cuádruple homicidio de la familia Knack, que tiene como imputados al ex prefecturiano Pablo Julio Paz (54), Juan Ramón Godoy (46) y Marcial Benicio Alegre (54).

Seis testigos declararon ante el Tribunal Penal Uno y no estuvo Natali Schudicken, quien al momento del hecho era novia de Cristian Knack y el fatídico 25 de mayo lo acompañó a Cuatro Bocas, Corrientes, para buscar un pago de 360 mil pesos en efectivo.

La joven no fue encontrada en su última dirección declarada, por lo que el testimonio que brindó en la instrucción será incorporado por lectura, confirmaron.

Hipótesis desechada 
Ayer, el primero en comparecer fue Enrique Arenhardt (35), oficial principal de la Policía de Misiones que al momento del hecho integraba la Brigada de Investigaciones de la Unidad Regional II. Primero actuó como investigador y luego integró la comisión policial que tomó la denuncia de Cristian en el hospital Madariaga de Posadas, días antes de morir. 

Explicó que su investigación se enfocó en los dichos del muchacho respecto a la persona que reconoció en el lugar del hecho, el ex prefecturiano que compraba madera en el aserradero de la familia y se movilizaba en un camión rojo con carrocería verde.

Se determinó que el rodado había sido propiedad de un sujeto de apellido Soto, de San Javier, quien reconoció que le alquilaba el camión a una persona que no era Paz.

También lo consultaron por una primera línea de investigación que fue desechada. La misma surgió cuando una vecina de Campo Viera comentó que un ex policía, de nombre Cristian Morel, llevó “un montón de plata a la casa de la suegra”. 
“Fue una hipótesis desechada por la superioridad”, argumentó Arenhardt.

Años atrás, el citado Morel estuvo implicado en el crimen de la estudiante Silvia Andrea González (15), de Campo Viera, tras lo cual fue exonerado de la fuerza.

Sobre la declaración de Cristian, Arenhardt explicó que un tío manifestó que se había despertado y que quería hacer una denuncia.

“Estaba lúcido y en condiciones de hablar. Declaró de manera espontánea, hizo un relato de lo que había pasado. Estaba tranquilo y se le entendía bien lo que decía”, mencionó el policía.

Confirmó que el entonces jefe de la Policía, comisario general Jorge Munaretto, asistió e “hizo sugerencias, pero no formó parte del acto procesal”.

Mencionó que Cristian identificó al ex prefecturiano y dijo que los delincuentes escaparon en “un vehículo oscuro; no dijo la marca ni especificó el color”, y agregó que “en los cuadernos del aserradero debería estar el nombre” del sospechoso.

En tanto, exhibió contradicciones al referirse a un parte informativo con su firma del 29 de mayo, donde Ezequiel Knack manifestó que “a las 19.40 vio un Volkswagen Bora gris oscuro yendo a Oberá”, a lo cual respondió: “No recuerdo”.

Recuerdo del dolor 
Los testimonios más emotivos fueron aportados por Néstor Knack (59) y Jorge Knack (45), hermanos de Oscar Knack (43), asesinado junto a su esposa Graciela Mabel Mojsiuk (42) y a sus hijos Bianca (12) y Cristian.

Quebrado en llanto, Néstor recordó que estuvo los 37 días al lado de su sobrino en el hospital Madariaga. “No le habíamos contado que sus padres y hermanita murieron. Yo le decía ‘papi, mami y Blanca están mejor’, en un sentido espiritual”, recordó.

Mencionó que la mayor parte del tiempo no podía hablar, pero una mañana despertó mejor y pudo contar lo sucedido, como quedó plasmado en la denuncia de la que su tío fue testigo.

“Contó que ese día volvió de Cuatro Bocas, le dio la plata a la mamá y ella contó. Se puso a charlar con el papá y la mamá le sirvió un pedazo de torta, cuando de repente ingresaron los delincuentes. Los golpearon mucho, los separaron de piezas y los ataron. Después los pusieron todos juntos, les tiraron el colchón, repasadores, una gaveta y prendieron fuego.  Él no se acordaba si se desató o el fuego quemó las ataduras, pero pudo salir por la ventana, porque dijo que uno de los asesinos sujetó la puerta del lado de afuera mientras que ellos se quemaban vivos. Cayó afuera y ahí apareció uno con un cuchillo, al que le reconoció, que era un ex prefecturiano que se fresqueaba su mamá y el papá celó. Era uno que le compraba madera, dijo”, aportó Néstor.

En cambio, dijo no recordar la descripción física de la persona que mencionó su sobrino. “Dijo que escaparon en un Bora gris”, agregó.  Emocionado, recordó que Cristian le contó que esa noche “volvió a entrar a la casa incendiada, tiró lo que había dentro de un basurero y ayudó a apagar el fuego hasta que no pudo más”.

Por su parte, Jorge Knack especuló que “la información de la plata se podría haber filtrado por los empleados”.

Declaraciones cambiadas
A su turno, la enfermera Perla Alejandra Gadea (26) precisó que Cristian nombró al ex prefecturiano y no sabía si los delincuentes llevaron el alcohol o usaron lo que había en la casa.

También comentó que Cristian mencionó el cuadernito donde estaban los nombres de los compradores del aserradero. Incluso dijo que estaría el teléfono del prefecturiano, lo que nunca fue probado.

Si bien al declarar el muchacho se mostró lúcido, dijo que “él hablaba a lo chamamé”, por lo que “era como arreglado el discurso, él tiraba datos y acomodaban”, respecto al acta policial.

Más tarde dijo que no recordaba que en un momento Cristian declaró que el ex prefecto era “alto, flaco y de pelo negro”.
El testimonio de Rubén Aníbal Lagos (46), vecino del kilómetro 7 que lo trasladó hasta el Samic, también arrojó contradicciones con relación a lo que figura en la instrucción policial.

“Cristian caminaba y hablaba bien, pero no me contó nada, sólo me decía que apure porque le dolía mucho, pero no podía ir más rápido porque llovía mucho”, indicó.

Fue entonces que surgió que en su declaración en la Policía dijo que la víctima le contó que los malvivientes tenían revólveres y cuchillos, que entraron por atrás y que su papá en un momento dudó en entregar la plata, a lo que Lagos respondió: “No, nunca escuché que dijo eso ni recuerdo haber declarado eso”.

Paz insistió en que es “un perejil”
“Empiezan a surgir datos que van a demostrar que no somos los autores de este hecho aberrante”, declaró ayer Pablo Julio Paz ante los medios de prensa que cubrieron la tercera jornada del juicio por la masacre de Panambí. Como declaró en la instrucción y en una entrevista publicada por El Territorio en noviembre del 2014, el ex prefecto aseguró que el 25 de mayo de ese año estuvo todo el día con su familia en San Javier, no conocía a la familia Knack y nunca les compró madera.

Cuestionó la investigación y la validez del llamado anónimo que el 26 de mayo dio cuenta de que en el taller de Marcial Alegre, en San Javier, hallarían un arsenal utilizado en el asalto y el botín.

Luego se confirmó que ninguna de las armas del chapista tuvo relación con el hecho ni dieron con los 360 mil pesos que robaron.

Paz se consideró “un perejil en esta causa” y aseguró que su detención se originó “porque la Policía quería demostrar resultados ante la presión social que generó un hecho tan aberrante. Parece que la Policía de Misiones es mejor que el FBI, porque con una llamada anónima nos detuvo. Es una supuesta llamada anónima que ni siquiera se puede probar que existió”, agregó ante los medios.

Recordó que trabajó 24 años en Prefectura, no posee antecedentes penales y al momento del hecho era gestor y cursaba tercer año de abogacía. Consultado al respecto, graficó: “Nunca compré madera, ni para arreglar mi casa. Como declaré en la instrucción, el 25 de mayo de 2014 estuve en mi casa con mi familia. Acá hubo una necesidad política de encontrar culpables”, y remarcó que “hace tres años y medio que estoy detenido sin haber salido de mi casa”.
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