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Una cátedra de la UBA hace odontología solidaria en Misiones

Una cátedra de la UBA hace odontología solidaria en Misiones

"Había dos hermanos, Ricardo y Marcelo Escobar, que se turnaban para venir un día cada uno, como nuestro trabajo es de una semana intensiva y queríamos aprovechar al máximo, les pregunté por qué no venían todos los días; era porque tenían un solo juego de ropa," dice Carlos Capuano, al recordar una de las experiencias que más lo impactaron de sus primeros viajes a Caraguatay, en Misiones. Dice que la facultad te forma en las competencias para poder desarrollar la actividad, pero comprender la ruralidad en la que viven estas personas sólo es posible a través de la experiencia en el lugar.

Capuano es profesor adjunto de la cátedra Odontología Preventiva y Comunitaria de la Universidad de Buenos Aires y, por vigésima sexta vez, va a viajar este año a Misiones, en el marco de las prácticas sociales educativas que desarrolló la Universidad. Todos los años la cátedra en la que se desempeña, junto con la Secretaría de Extensión de la Universidad, organiza los viajes a Chaco, Misiones y Neuquén. Los alumnos del último año de la carrera, y sus docentes, se trasladan para atender en forma gratuita a niños y adultos en situación de vulnerabilidad.

Hace treinta y cinco años que trabajan sobre las mismas comunidades, aunque a medida que mejora la salud dental de sus pacientes, amplían la cobertura hacia más escuelas. La continuidad en los viajes permitió lograr que en las localidades de Misiones donde trabajan haya índices de salud dental equiparables a Noruega y Finlandia. "La atención que brindamos tiene un fuerte componente preventivo, todos los años hacemos aplicaciones de fluoruro y hemos logrado que los chicos sufran en promedio sólo una nueva lesión de caries por año," dice Aldo Squassi, titular de la cátedra Odontología Preventiva y Comunitaria y responsable del programa.

"Es una experiencia transformadora," dice Milagros Inverga, que participó el año pasado, como alumna del último año de la carrera, del viaje a Caraguatay. Rescata la posibilidad de acercarse a una realidad social a la que no estaba acostumbrada para nada. "Los chicos se aguantan todo el dolor sin decir nada, porque saben que es la única posibilidad en el año que tienen para ser tratados," dice Milagros, que además cuenta que los niños son muy humildes, muy agradecidos y que allá son todas buenas personas.

El primer viaje a Caraguatay fue hace treinta y cinco años. Surgió como consecuencia de un programa solidario de la Escuela Cangallo en la que viajaban padres y alumnos para colaborar con la comunidad local. Lía Pereyra, profesora adjunta en la cátedra Odontología preventiva y comunitaria, participó del viaje como madre. Tras realizar ese viaje y detectar la inmensa necesidad de salud odontológica en la población, incorporó la actividad como parte de la carrera. Coordinó el programa varios años hasta que se jubiló. Sus compañeros de cátedra destacan que su compromiso con estas comunidades continuó y aún hoy trabaja en los programas rurales.

Los alumnos del último año de la carrera deben realizar 210 horas anuales de trabajo con la comunidad como parte de la práctica social curricular, en la materia Atención, Docencia y Asistencialismo (ADA), que pertenece a la cátedra de Squassi. La materia articula el trabajo docente con los servicios de salud. Se ofrece la opción de poder trabajar en zonas carenciadas de Capital y Gran Buenos Aires, o participar en los viajes rurales que propone la facultad. "En general los chicos que pueden, hacen estos viajes", dice Aldo Squassi. También se puede participar de los viajes como parte del programa de Extensión Universitaria y acreditar puntaje por viajar.

Los viajes los costea principalmente la Universidad de Buenos Aires. Se presentan en una convocatoria de subsidios de Ciudad Universitaria y a partir de ahí consiguen distintos fondos. Jorge Pasart, Secretario General de la facultad, explica que el rectorado también realiza un aporte económico cuando hace falta. Destaca que son viajes de muy bajo presupuesto y los voluntarios suelen dormir en las escuelas con las que colaboran. Muchas veces llevan sus bolsas de dormir.
"Para el viaje a Caraguatay se necesitan dos micros para trasladar a los 50 alumnos y 20 docentes que viajan," dice Carlos Capuano que coordina este viaje hace 5 años. El costo del transporte es de 200.000 pesos y lo cubre la Universidad. Pero explica que alimentar a todo el grupo también implica un gasto importante, aproximadamente 90.000 pesos. En la actualidad, el Gobierno de la Provincia de Misiones costea los alimentos que luego las madres de los pequeños pacientes cocinan para el grupo de odontólogos voluntarios.

Los viajes se llevan a cabo con consultorios móviles y equipamiento de última generación provistos por la Facultad. Algunos de los materiales que utilizan los provee la misma Universidad y otros son donados por empresas privadas. "Por ejemplo la anestesia la dona CIDUS y los materiales de restauración, COLTEN," dice Jorge Pasart, Secretario General de la facultad y coordinador del viaje Cruzada Patagónica que se hace a Junín de los Andes.

Cada viaje es un aprendizaje. Suele suceder que los planes tienen que modificarse en función de las realidades locales. Actividades sencillas como enseñar a lavarse los dientes, pueden ser un desafío. "Nosotros le enseñábamos a cepillarse los dientes y la gente no tenía baños; tuvimos que crear un espacio para que fuera posible el cepillado" recuerda Capuano. Consiguieron una donación de espejos y sugirieron colgarlos en las cocinas. Les regalaron los cepillos de dientes y la higiene dental pasó a ser una posibilidad real.

El equipo que viaja no se limita a su actividad específica de odontólogos. La observación contínua de estas poblaciones, y el trabajo conjunto con el Instituto de investigaciones de la UBA, los llevó a detectar que Misiones tiene el doble de la media nacional de discapacidad, según detalla Capuano. Trabajaron en forma conjunta con las facultades de Agronomía, Veterinaria, Arquitectura y Exactas para encontrar una explicación a este fenómeno. Hicieron análisis de sangre de las personas locales y concluyeron que era un problema con los agroquímicos. Se logró que el Consejo de Montecarlo, una ciudad de Misiones, limitara el uso de agroquímicos a ciertos lugares donde no afectase a la población del lugar. El municipio está ubicado a 150 kilómetros de las Cataratas del Iguazú, en Misiones.

Carlos Camuano, que ya volvió a Caraguatay más de veinte veces, dice que lo que lo motiva a volver cada año es poder desarrollar una actividad, dentro de la profesión, que genere cambios en la comunidad. "Ya tengo amigos allá, no son sólo pacientes; hay personas que ya conozco hace muchísimos años y son como familia," dice Carlos, que hoy atiende a los hijos de sus primeros pacientes
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