Noticias
Cargando...

Reforma jubilatoria, el debate que viene

Reforma jubilatoria, el debate que viene

Al igual que otros países de la región, la Argentina aún es joven: tiene un alto porcentaje de población en edad de trabajar y con capacidad de generar ahorro. Esta etapa, conocida como "bono demográfico", les permite a los países aumentar la inversión y así ingresar en una senda de crecimiento sostenido. Para ello, "hay que generar las condiciones institucionales, financieras y fiscales que promuevan este mayor ahorro y lo canalicen hacia la inversión, de forma de aumentar la productividad de la economía y sostener el crecimiento del PBI per cápita una vez alcanzada la etapa del envejecimiento", explica un documento de CEPAL de Rafael Rofman, Verónica Amarante e Ignacio Apella, publicado el año pasado.
Inestabilidad jubilatoria
¿Por qué el sistema jubilatorio argentino va de reforma en reforma? "Las continuas reformas están asociadas al cortoplacismo crónico argentino y su insostenibilidad", evalúa Santiago Urbiztondo, economista jefe de FIEL. De un régimen de solo reparto, que surgió a mediados del siglo pasado, se pasó a otro de reparto con capitalización en 1993 y luego en 2008 hubo un regreso al reparto puro. En todos los casos, las reformas estuvieron asociadas a la disponibilidad o no de caja en cada coyuntura.
La reforma de 1993, que creó un régimen de capitalización con las AFJP adicionado al de reparto opcional, implicó una férrea disciplina fiscal en el otorgamiento y cálculo de las prestaciones, al no poder usar para el pago de beneficios los aportes personales, que pasaron a ser administrados por las AFJP. "Ese período de disciplina fiscal resultó de una forzada visión de largo plazo ante la imposibilidad de continuar con la generosidad previsional anterior", describe Urbiztondo.
La inestabilidad del sistema previsional provocó un esquema de impuestos al trabajo y aportes previsionales crecientes, que fomentan la informalidad, y un lento deterioro en términos financieros, de justicia y de equidad del sistema previsional, que dañó las posibilidades de asegurar ingresos en la vejez de manera acorde con los aportes realizados en la vida activa, agrega el economista jefe de FIEL.
En todos los sistemas y en todos los tiempos, la extensión de la expectativa de vida hace que se necesiten aumentos de los aportes (es decir, subas de las tasas de aporte o de los años con contribuciones o ambas cosas) o de la edad mínima para el retiro; o reducciones de la tasa de reemplazo (relación entre la pensión y el salario promedio); o un combo de todo esto. Otra opción es recurrir a fuentes de ingreso externas al sistema: impuestos.
Sin embargo, en el caso argentino, para el economista jefe de FIEL, la informalidad laboral es más grave que el problema demográfico. "Hay que establecer una relación razonable y continua entre los aportes y los beneficios jubilatorios a lo largo de la vida de cada individuo y sus dependientes", sostiene.
Por otra parte, Urbiztondo propone no acentuar los requisitos mínimos a cumplir para obtener beneficios regulares. "La alta chance de incumplimiento a lo largo de una vida laboral activa previsiblemente azarosa induce a una mayor informalidad y lleva al crecimiento de prestaciones universales financiadas con la reducción de las prestaciones efectivas a los cada vez más escasos aportantes", considera.
Viejos problemas
"El sistema previsional argentino viene con problemas desde hace cuatro décadas porque el sistema de reparto antiguo contemplaba beneficios previsionales que no se condecían con la realidad demográfica, laboral y de administración del régimen", coincide Marcelo Capello, presidente del Ieral de la Fundación Mediterránea. "No se trató sólo de envejecimiento poblacional, sino también del aumento en la informalidad laboral, que en alguna medida fue consecuencia de las altas contribuciones establecidas para financiar beneficios previsionales muy ambiciosos, al menos en la ley, y de una administración demagógica del sistema, con períodos en que se concedían con demasiada facilidad beneficios previsionales antes de la edad legal de retiro, o en que se aprobaban privilegios especiales para algunos subsistemas", agrega.
Luego, con la creación del sistema mixto en la década del 90, la transición fue fiscalmente muy costosa y, cuando estaba comenzando la reducción del déficit, se tomó la decisión oportunista de estatizarlo, luego de haber asumido todos los costos del pasaje de régimen, describe.
Según estimaciones del Ieral, el sistema actual, si bien ya no promete una tasa de reemplazo del 82% del salario en actividad, a través de las moratorias previsionales y el plan de reparación histórica, está llevando el gasto previsional a cerca del 10% del PBI, un porcentaje muy alto para América latina.
"El sistema de pensiones actual no cuenta con una fuente de financiamiento genuina, sólo cubre con impuestos al trabajo el 70% de los gastos previsionales actuales, y requiere del financiamiento de impuestos generales: porcentajes de impuestos específicos, y detracciones de la coparticipación de IVA, Ganancias, y de la masa general", precisa Ariel Barraud, presidente del IARAF. Con la informalidad, el dinamismo y la rotación que experimentan los trabajadores, el sistema no parece sostenible en el largo plazo. Además, la tasa de reemplazo es, en promedio, inferior al 40% de la remuneración.
Desafíos
A mediano y largo plazo, los desafíos demográficos y los e- conómicos son mayores, subraya Barraud. Por el lado de la demografía, caerá la tasa de crecimiento de la población y esto, agudizado por mercados informales o más dinámicos, se traducirá en una caída del crecimiento de la población aportante.
Share on Google Plus

Canal Cuatro Posadas

Canal 4 cumpliendo 20 años al Aire en Posadas, Misiones.
Publicar un comentario