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La diplomacia creativa será vital para desactivar la crisis con Corea del Norte

La diplomacia creativa será vital para desactivar la crisis con Corea del Norte

En su aclamado libro Sonámbulos, Christopher Clark escribe sobre cómo las grandes potencias de 1914 entraron en una guerra en Europa que no sólo destruyó gran parte del continente, sino que desató fuerzas destructivas que definieron el orden global durante gran parte del siguiente siglo.
Algunos de nosotros sentimos temor a ser otra vez sonámbulos, a no darnos cuenta del abismo que tenemos enfrente. Tal como un amigo chino me recordó hace poco, la guerra tiene su propia lógica. También la tienen las crisis. La historia nos enseña que ambas son difíciles de detener una vez iniciadas.
El mayor detonante global hoy es la península coreana. La mayoría de los analistas considera poco probable que haya una crisis y un conflicto en torno al programa nuclear norcoreano. Y tienen razón. Pero la incómoda verdad es que ahora se está volviendo cada vez más posible.
Hay tres escenarios básicos. Primero, China logra que los norcoreanos abandonen el programa nuclear a través de la política y la diplomacia; o los obliga a retirarse con sanciones financieras y económicas, lo cual implica un verdadero cambio de política en Pyongyang. Segundo, Estados Unidos lanza una ataque militar unilateral contra las instalaciones nucleares norcoreanas para destruir o al menos diezmar el programa. O tercero, Norteamérica se ajusta a la realidad de una Corea del Norte armada con misiles balísticos intercontinentales y busca imponer algún tipo de régimen para manejarlos.
Desde el punto de vista de la Casa Blanca de Trump, el escenario uno ya no es considerado viable. Si bien algunos ven eso como una postura norteamericana, hay un cálculo en Washington que indica que los chinos están tratando de ganar tiempo con los norteamericanos en cuanto a Corea del Norte, y no tienen ninguna intención de hacer lo que sea necesario para provocar un cambio fundamental en el comportamiento de Pyongyang. También está emergiendo la idea de que Beijing seguirá dando la impresión de que actúa contra Pyongyang, para evitar cualquier riesgo de acción unilateral por parte de EE.UU. hasta que los norteamericanos simplemente acepten a Corea del Norte como un estado confiable con armas nucleares.
En el segundo escenario, sería erróneo asumir que Estados Unidos descartó un ataque unilateral. Si bien Japón y Corea del Sur se opondrían a tal acción, eso no sería decisivo en la determinación de cualquier decisión final de Norteamérica. El problema es que China cree que EE.UU. está fingiendo. Beijing no puede comprender la posición norteamericana, porque piensa que EE.UU. no podría darse el lujo de ignorar la oposición de Corea del Sur a un golpe unilateral, dada la probable represalia contra Seúl. China también lo ve como inconcebible que Norteamérica se arriesgue a quebrar las alianzas de seguridad con Seúl y Tokio actuando sin su consentimiento.
En cuanto a que EE.UU. acepte a Corea de Norte como sólo otro miembro del club nuclear, es una idea que no cae bien en Washington. Corea del Norte no es considerado un estado normal, ni ha mostrado ningún interés en desarrollar una doctrina nuclear transparente. Además, se le dio por hacer repetidas amenazas belicosas contra EE.UU. El contragolpe local por permitir a Corea del Norte adquirir su tan buscada capacidad nuclear para lanzar misiles balísticos intercontinentales sería considerable, lo que debilitaría el concepto de Trump de presidencia "muscular".
También sería equivocado asumir que China simplemente se quedará de brazos cruzados si la península degenera en un conflicto. Por razones estratégicas profundas, China no eligió mantenerse afuera de la guerra coreana en 1950 menos de un año después de fundar la República Popular de Mao. De hecho, entró en esa guerra para evitar una victoria de EE.UU. La profunda inquietud ante la posibilidad de presencia militar norteamericana en su frontera noreste es una permanente preocupación para la policía de seguridad china hace medio siglo. Por lo tanto, debemos también pensar en los riesgos de que la crisis norcoreana derive en un conflicto entre China y EE.UU.
Entramos en un período nuevo y peligroso que viene con una trayectoria profundamente inquietante. La pregunta es qué hacer. En primer lugar, Beijing debe aceptar que la amenaza de un ataque unilateral de EE.UU. es lo suficientemente creíble como para garantizar un cambio en la diplomacia China hacia Corea del Norte. Segundo, Norteamérica debería ser claro con Beijing sobre qué está en juego acá para China. Si China logra que Corea del Norte detenga su programa nuclear y la destrucción de su actual arsenal, Estados Unidos aceptaría el tan discutido "gran acuerdo" peninsular, incluyendo un tratado de paz formal con Pyongyang, el reconocimiento diplomático por parte de EE.UU., garantías para el futuro del régimen, el posible retiro de fuerzas norteamericana de Corea del Sur y la eliminación de las sanciones.
Si EE.UU. y China podrán encontrar una solución diplomática creativa a esta crisis es una pregunta abierta, pero hay que responderla ahora.
*Ex primer ministro de Australia y presidente del Asia Society Policy Institute en Nueva York.
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