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Dólar, doble amuleto contra Cristina y contra las dudas que genera el Gobierno



Dólar, doble amuleto contra Cristina y contra las dudas que genera el Gobierno

El capital es cobarde y el miedo no es zonzo son dos frases que se escuchan en los mercados de todo el mundo, mientras que en el país estos términos se potencian especialmente cuando llegan las elecciones. Es cuando comienzan a esgrimirse excusas de todo tipo para tomar posición en dólares, la cobertura mágica que deja a empresas y particulares más que tranquilos hasta que pase la ola electoral, por más que les salga caro. Está bien claro que en este tema de carácter cultural no existe ningún tipo de grieta en la Argentina.
"Personas que hace dos meses atrás se apuraban a vender dólares porque estaban convencidos de que podía seguir bajando, hoy creen que hay que esperar porque están convencidos que seguirá subiendo", apunta el experimentado hombre de mercados, Lucas Gardiner, director de Portfolio Personal, a la hora de describir las expectativas que predominan entre los inversores que él califica de irracionales.
Estos comicios legislativos en dos etapas que comenzarán el próximo domingo no han escapado a la regla de dolarización de portafolios, aunque con algunas variantes con relación a procesos anteriores, derivadas de la alta hipocresía que los cruza, ya que las PASO son una suerte de muy cara vuelta de clasificación que busca, a costa de los contribuyentes, eliminar a algunos y poner solamente a los candidatos que superan la prueba inicial en un lugar expectante en la grilla de salida del 22 de octubre.
Más para sicólogos que para analistas políticos, hay algunos otros factores más que degradan esta elección y el más notorio es la falta de disputa interna que plantearon las principales listas. "El domingo veremos un montón de gente festejando que compitió consigo mismo", señala irónicamente Orlando DAdamo, director del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano para marcar la falsedad con que la clase política ha encarado este primer escalón.
Como un dato relevante a la hora de tomar la decisión de sentarse sobre los ahorros en divisas está muy a la vista el protagonismo vergonzante de los principales candidatos y, entre ellos, el más notorio ha sido el sonoro silencio de Cristina Fernández y el miedo que genera en los hombres de negocios su probable resurrección, aunque sea simbólica y la del modelo cerrado y prebendario que dejó a la Argentina con cepo y sin trigo, ni leche, ni vacas, ni gas. Y más allá de que, como apunta Gardiner, "nos encontramos con un dólar sin movimiento durante prácticamente los primeros cinco meses del año que el mercado comenzó a percibir como barato", el factor CFK como ganadora en la provincia de Buenos Aires ha sido sin dudas el primer eslabón político de la demanda de billetes que se viene verificando desde hace unos días, proceso que in crescendo ha obligado al Banco Central a salirse de la flotación.
Por primera vez y desde que se recuerde, la preferencia por el dólar en esta ocasión se ha iniciado no por temor al gobierno de turno, sino por culpa de la oposición más cerril. Pero, a ese dato no menor hay que agregarle el grave complejo de inferioridad que sigue teniendo el oficialismo para avanzar en el proceso de cambio que propuso, que ha llevado adelante con demasiadas dudas en su ejecución y muy pocos resultados aún.
También los mercados le endilgan al Gobierno que ha creado el monstruo de la polarización con la ex presidenta, dejándole el papel de hada benefactora de los más necesitados, de aquellos que, según el politólogo Andrés Malamud, "buscan confort, protección y cuidado".
Como otra expectativa notable a la hora de conformar el precio actual del dólar alrededor de los 18 pesos, a aquel miedo inicial por Cristina se le ha sumado la desconfianza que se instaló sobre si el gobierno de Mauricio Macri sabrá darle cauce positivo a un resultado adverso, a partir de que se especula que el Gobierno no ha diseñado un Plan B creíble para cubrir los dos meses de baile cambiario que podrían sobrevenir si ella gana la provincia de Buenos Aires, distrito que si bien es uno más entre 24 (el cristinismo puro compite sólo en tres), tiene un peso propio más que evidente. Sobre todo, los operadores se están preguntando, habida cuenta de tantas ocasiones previas de mala praxis, si esta vez las autoridades tendrán la sangre fría necesaria y podrán manejar los tiempos de manera correcta para acotar una dinámica que en dos meses puede tornarse impredecible. "Pido disculpas por los errores no forzados", señaló a modo de arrepentimiento la candidata oficialista Elisa Carrió, aunque en verdad los mercados hoy no confían demasiado en el propósito de enmienda que pueda tener la soberbia de algunos funcionarios.
En relación a la importancia sicológica que se le da al territorio bonaerense en esta elección, en la que no se eligen bancas sino contendores, hay que marcar que una cosa es la Tercera Sección Electoral, donde manda Cristina y otra el resto de la provincia. Con sentido federalista, aunque abriendo el paraguas, Ernesto Sanz suele decir que hablar sólo de Buenos Aires es una "deformación de la política, ya que el domingo Cambiemos será la fuerza más votada en todo el país". El argumento, cierto desde ya, es casi el mismo que esgrimió Néstor Kirchner cuando en 2009 perdió con Francisco de Narváez y el que usó todo el kirchnerismo la noche de las caras largas en el palco de lo que iba a ser la victoria que nunca llegó, cuando sucumbió frente a Sergio Massa.
Malamud explica que ganar las legislativas en Buenos Aires no asegura automáticamente dos años después un buen resultado en las presidenciales y recuerda que "Antonio Cafiero le ganó a Raúl Alfonsín y Graciela Fernández Meijide a Carlos Menem y no llegaron a la Presidencia y otro tanto pasó con de Narváez y Massa" y vaticina que, de triunfar, "Cristina armará un tumulto dentro de la interna peronista e impedirá la renovación, mientras envía señales a todos de que existe la posibilidad de que vuelva. Por eso, los mercados toman posturas defensivas", explica.
Con el resultado ya puesto y como primer hito de un eventual Plan B, el martes próximo habrá una licitación de Lebac a la que muchos le asignan un carácter definitorio, quizás para instar al BCRA a que tome la decisión de subir las tasas para retener a los inversores, procedimiento más que lógico si se trata de sostener el peso y de evitar el traslado a precios. Sin embargo, quienes dramatizan tal posibilidad no han tomado en cuenta que muchos asustados ya pueden haber salido de las Letras en pesos porque existe un mercado secundario muy activo. Y más allá de que el grueso de la última emisión está en mano de inversores profesionales que deberían renovar, para el titular del Central, Federico Sturzenegger, el resultado de ese tipo de licitaciones "tiene poca relevancia, ya que si la gente quiere cambiar su portafolio puede hacerlo cada día", mientras desde su staff opinan que no hay que esperar a las licitaciones tampoco en materia de rendimientos "ya que si el BCRA lo desea puede influir sobre las tasas de mercado todos los días".
Gane o pierda el Gobierno, el manejo técnico del lunes en adelante se centrará básicamente en la oferta de dólares que va a llegar vía exportaciones retenidas o préstamos oficiales o privados que no dejarán de ingresar, mientras se verán múltiples velas encendidas para que no se aborte la recuperación que, según el Presidente, "está en marcha". Por otro lado, muchos ya están mirando a octubre y se ven oportunidades en el rendimiento de los bonos a estos precios, aunque es más que probable que para pasar el bache hasta las elecciones de verdad los mercados sigan sentados encima de algo más que fe y palabras
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