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Trump genera en Merkel la necesidad de liderar

Trump genera en Merkel la necesidad de liderar
Cuando los políticos alemanes hablaron por primera vez de "liderar desde el medio" la gente se rió, dice Jürgen Hardt, vocero de política exterior del bloque demócrata cristiano gobernante en Alemania. "Dijeron o se lidera o se está en el medio. Pero esto (esa frase) describe precisamente el tipo de papel de liderazgo que Alemania está preparada para asumir".

Aunque parezca una contradicción de términos, este es el enfoque que Angela Merkel, la canciller alemana, desarrolló durante sus 12 años en el poder: reunir a veces a países reacios a hacerlo para construir alianzas y siempre restar importancia al papel de Alemania. Es un enfoque que adoptó durante la crisis financiera mundial, la agitación en la eurozona, el conflicto de Ucrania y la crisis de refugiados de Europa, aun cuando Alemania aceptó más de 1 millón de inmigrantes, y uno que ahora está en el centro del creciente papel mundial de Berlín.

Pero con la elección de Donald Trump, "liderar desde el medio" le está resultando más difícil a Merkel, que espera asegurarse otros cuatro años en el poder en las elecciones de septiembre.

El enfoque del presidente estadounidense de "Estados Unidos primero" y sus promesas aislacionistas para reducir la participación de su país en la cooperación multilateral cambiaron las reglas de juego. "Es un desafío para Alemania", afirma Norbert Röttgen, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Bundestag. "Tenemos que vivir con el aislamiento que Estados Unidos se autoimpone".

Esto quedó de manifiesto en la cumbre del G20 que tuvo lugar en Hamburgo a principios de julio, cuando Trump quedó solo, 19 contra uno, en un tema central para el mundo el cambio climático en una jugada orquestada por Alemania.

El cambio en Washington plantea profundos interrogantes a Berlín en un momento en que la Unión Europea está intentando recuperar su suerte, Rusia está reafirmando su influencia, China surgió en el escenario mundial y la inestabilidad es rampante, en especial en Oriente Medio.

Desde que Trump ganó las elecciones, Merkel se vio bajo presión para alzar el estandarte occidental liberal que Barack Obama, el predecesor de Trump, dejó atrás. Pero con su historia del siglo XX y su ubicación en el centro de Europa, Alemania mantiene la cautela a la hora de asumir el liderazgo. Merkel ni siquiera usa la palabra, sino que habla de la "contribución" de Alemania. Si bien tiene grandes chances de ganar un cuarto mandato, la líder de 63 años no quiere provocar a un público escéptico de iniciativas de política exterior con soliloquios dramáticos a solo semanas de las elecciones.

Con un presupuesto de defensa de solo 1,2% del Producto Bruto Interno y una profunda desconfianza hacia las intervenciones militares, Alemania no es una superpotencia. Pero como la fuerza dominante de la UE y sin otro país que establezca los temas de la agenda mundial, Merkel se transformó en una figura que puede instar al resto del mundo a la acción, por más incómodo que este rol pueda a veces ser para ella y su país.

"No es el tipo de liderazgo audaz que a algunas personas en el mundo les gustaría ver, pero es su estilo", sostiene Jan Techau, especialista en política exterior de la American Academy, un grupo de investigación de Berlín. "Ella lidera, pero llega tarde a un tema y reacciona".


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