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Luego de seis años de espera, hermanos tendrán una familia

Luego de seis años de espera, hermanos tendrán una familia

Para la nena de 12 y su hermano de 11, el deseo de tener una familia se cumplió. Hacía tres años que ambos vivían en el hogar Padre Mugica que depende de la Fundación Tupá Rendá, pero anteriormente estuvieron otros tres años en El Refugio. Además de haber sido olvidados por su familia biológica, enfrentaron tres intentos fallidos de adopción.

La presidente del Consejo de Administración de la fundación, Neni Valdez, expuso a El Territorio que “todos los chicos que tenemos acá tienen historias muy tristes y por ahí los que tuvimos el privilegio de tener una familia que nos contenga no nos damos cuenta por lo que pasan estos pequeños”.

En el caso de estos hermanos, el proceso para conseguir familia llegó a la última instancia, por lo que la jueza a cargo tuvo que publicar un edicto en el que se llamaba a “cualquier familia que tenga intenciones de adoptar a dos chicos, sin importar si estaban o no inscriptos en el Registro Único de Aspirantes a la Adopción”.

Este tipo de medida se toma luego de revisar los datos nacionales y no encontrar a familias interesadas en la vinculación con niños de ciertas edades o con discapacidades.

Tras ver la publicación, la pareja se acercó hasta la fundación para interiorizarse en el caso. “Yo creo que ahí hubo una mano divina, porque fue un amor a primera vista (entre los niños y los esposos)”, dijo Valdez.

Se trata de un matrimonio que vive en el interior de la provincia y, debido a los trámites que se están realizando, se reserva su identidad.

“Ambos son profesionales, tendrán unos 40 años y no tienen otros hijos”, contó. Y agregó que “gracias a Dios podemos decir que esa gente leyó y se interesó”.

Según explicó, “los inscriptos suelen preferir a los más pequeños”. Por lo tanto, la espera se hace larga para muchos, en especial para los preadolescentes y adolescentes.

La pareja se acercó la semana pasada, por lo que la  jueza decidió comenzar con el proceso de vinculación, debido a que comenzaba la feria administrativa.

Por tres días consecutivos, los adultos compartieron momentos con los niños. “Fue muy fácil porque nosotros tenemos un sistema de padrinazgo, en el que los chicos tienen a un adulto o una familia que los respalda, entonces  los presentamos como unos colaboradores”, comentó Valdez.

Al segundo día de haberse conocido, el niño le preguntó al hombre si le quería adoptar a él  y a su hermana. “Vimos que los otros chicos les  daban su espacio, es como si se hubieran dado cuenta de lo que se estaba viviendo”, relató la mujer. Mientras, el jueves -en una cena- se oficializó la noticia y entre los aplausos y las risas, los demás chicos redactaron cartas con buenos deseos a sus compañeros.

Por lo pronto, la pareja tiene la adopción transitoria, porque completar el proceso lleva varios meses. En este sentido, Valdez señaló que “ahora deberán venir ellos y los niños a la entrevista en el momento que determine la jueza, que puede ser a los tres o seis meses y después recién inicia el proceso de adopción”. 

Compartir en familia 
Durante estos días, los responsables de la fundación y la familia se mantienen en contacto con el fin de saber cómo se encuentran los niños. “El varón está feliz, es más ya se parece al padre adoptivo y la nena tiene sus berrinches, pero los va superando”, esbozó Valdez.

La niña padece de un retraso madurativo, por lo que presenta  problemas cognitivos. En Posadas asistía a una escuela especial. En la actualidad, está aprendiendo a copiar y trata de aprender a leer.

Asimismo, en la ciudad capital recibía asistencia de una fonoaudióloga porque le costaba pronunciar algunas palabras. Este tratamiento lo seguirá recibiendo en la localidad en la que habitará ahora. Por otro lado, Valdez reconoció que la pequeña tiene otras destrezas: “Sabe hacer trenza cosida y sabe bailar”.

Con esta adopción, la Fundación logró que doce niños tengan familia, aunque manifiestan que todavía hay algunos que esperan encontrar a esos padres que les brinden amor y contención. “Algunos son muy grandes y con los adolescentes el proceso se torna  más difícil”, enfatizó la mujer.

La Fundación Tupá Rendá funciona hace tres años como hogar convivencial. Del Refugio recibieron a quince chicos que se encontraban institucionalizados, entre ellos los dos hermanos.
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