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Pymes: solo buenas intenciones

Pymes: solo buenas intenciones

Las pymes argentinas están pasando por un momento de incertidumbre. Por un lado, el empresario pyme sabe que el contexto argentino cambió (a su favor): un Gobierno tratando de abrirse al mundo, la inflación comenzó a bajar, el Gobierno tiene el foco en dar ‘beneficios’ a las pymes a través de diferentes herramientas como ser: Ley de Pymes, Ley de Emprendedores, programa de fomento a través de la SEPYME (hoy desconocidos por muchas empresas), sociedades que se constituyen en 48 horas (SAS), diferentes acciones para fomentar el acceso al crédito a tasas algo más competitivas, beneficios fiscales para pymes cumplidoras, facilitar pasos que hoy son burocráticos en los bancos para operaciones de comercio exterior eliminando barreras y papeleo, eliminación de restricciones para la compra y venta de divisas y como ‘frutilla del postre’ el exitoso sinceramiento fiscal, que más a allá de haber servido como mecanismo de recaudación, muchos empresarios pymes vieron la oportunidad de, por un valor relativamente bajo, poder blanquear dinero (mal cultural instalado desde que Argentina es Argentina), sin consecuencias ni fiscales ni penales, pudiendo disponer del mismo para la actividad corriente.
Pero pese a esto, parece (o es la sensación del empresario Pyme) que muchas de estas cosas no resuelven o solucionan los problemas de fondo de las pymes: el odioso e injusto impuesto a los ingresos brutos y el ‘festival’ de retenciones y percepciones gracias a los benditos padrones provinciales, las tasas municipales excesivas (sobre todo la de seguridad e higiene), los altísimos costos laborales (incluidos las cuotas sindicales y la cuota de ART) que no diferencian tamaño de pymes, la presión tributaria que no cede, el impuesto al cheque que nació como una emergencia y sigue castigando las finanzas de las pymes, las trabas burocráticas del día a día frente a los organismos para obtener un crédito o calificar para determinadas entidades, la baja del consumo, la inflación de costos que se mantiene y el dólar bajo para exportar y ser más competitivo.
Le pregunté a un empresario pyme amigo en qué iba a invertir el dinero blanqueado. Respuesta: en Lebacs o inmuebles como inversión. Lejos de querer invertir en el sector productivo o industrial.
Por ahora tenemos solo buenas intenciones (peor es nada) pero lejos de la realidad del día a día de las pymes. Decisiones ‘corporativas’ en un mundo pyme que requiere de más tacto.
Una nota de El Cronista menciona que el 90% de las inversiones extranjeras de mayo de 2017 fueron destinadas a activos financieros. No residentes y residentes apuestan ‘a la timba’. Lejos de un modelo competitivo productivo e industrial, Argentina por ahora solo tiene un modelo especulativo.
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