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EE.UU. debe tomar nota del sector textil mientras analiza el proteccionismo en metales

EE.UU. debe tomar nota del sector textil mientras analiza el proteccionismo en metales

El secretario de Comercio de EE.UU. que investiga las importaciones de acero y aluminio, estuvo en el centro del cambio global en la industria textil
Hace doce años se diseñó una fábrica de jeans en Jiaxing, China, para reemplazar los productos textiles que se hacían en Greensboro, Carolina del Norte, un histórico centro de la industria textil de EE.UU donde había invertido Wilbur Ross, el actual secretario de Comercio norteamericano.
Los envíos de textiles chinos a EE.UU. habían aumentado tanto que el país estaba a punto de imponer medidas de salvaguardia especiales.
Ross estaba tranquilo. "La imposición de salvaguardas es una tontería, no traerá de vuelta el trabajo textil a Norteamérica", dijo en una entrevista. "Lo único que sucederá es que cualquier país produzca a menor costo se quedará con ese negocio".
Doce años después Ross ahora supervisa una revisión de 100 días de la relación comercial de su país con China que termina el 15 de julio. También está liderando una investigación de las importaciones de acero y aluminio norteamericanas –incluyendo aquellas provenientes de China– en virtud de una cláusula que permite a los presidentes bloquear las compras al extranjero consideradas como riesgo para la seguridad nacional.
Con estas investigaciones, la administración de Trump está en a punto de tomar sus primeras acciones proteccionistas. Pero la historia de la fábrica de jeans de Jiaxing y las industrias textiles de los dos países ofrecen un ejemplo instructivo.
Los textiles no fueron incluidos en las investigaciones comerciales de la administración de Trump este año, en parte porque el comercio del sector es una calle de dos vías. En una década, las exportaciones chinas a EE.UU. han aumentado enormemente, tal como temían los negociadores de comercio. Sin embargo, inesperadamente, China es también el cuarto mayor mercado para las exportaciones de textiles de EE.UU.
Ha habido enormes pérdidas de empleos en Norteamérica. Entre 1995 y 2016 el número de estadounidenses empleados en el sector textil e indumentaria cayó de 1,5 millones a 565.000. La mayoría de los trabajadores que perdieron su trabajo fueron las mujeres del sur del país. China ha conseguido una cuota de mercado aún mayor a nivel mundial. En 2005, representaba una cuarta parte de las exportaciones de ropa y textiles del mundo. Esa cifra alcanzó cerca del 40% en 2014.
Pero incluso en 2005 ya habían comenzado los cambios. Mientras que la fábrica de Jiaxing estaba en construcción, el aumento de los costos de mano de obra en los centros fabriles costeros ya estaba dirigiendo la fabricación de textiles de bajo valor hacia las provincias más pobres. En 2011, el Grupo Novel de KC Chou –el principal inversor de la fábrica de Jiaxing– vendió su parte de la planta de jeans al grupo norteamericano ITG, que perteneció a Ross hasta poco antes de las elecciones presidenciales del año pasado.
Los inversores textiles chinos también habían comenzado a trasladarse a otros países. Ese cambio no ha sido tan evidente en EE.UU. (aunque es mucho más probable que las prendan tengan etiquetas que digan "Hecho en Turquía", Bangladesh o Vietnam) porque la participación de China en las importaciones estadounidenses ha disminuido ligeramente a 38%.
Tampoco ha sido evidente a nivel mundial porque el mercado textil global ha crecido. Pero en general, el valor de las exportaciones de textiles de China alcanzó su máximo en 2014 y podría caer de manera bastante abrupta en los próximos años.
¿Qué tiene eso que ver con el acero y el aluminio? En China tiene un enorme exceso de esos metales y eso enturbia los mercados internacionales. En cada una de estas industrias, el país oriental hoy representa la mitad de la oferta mundial.
A simple vista, la dinámica industrial de los metales es totalmente diferente a la de los textiles. La principal ventaja de China en el sector de textiles era el salario; en metales, su mayor capacidad se relacionó con el menor costo de insumos, con las plantas nuevas y más eficientes, y con la voluntad de operar con márgenes más bajos (o incluso a pérdida) para pagar deuda.
Pero en otro nivel, las disputas comerciales sobre los metales se relacionan con los salarios y la ventaja manufacturera de China. Los lavarropas, las bicicletas y herramientas de jardinería se fabrican en China con acero chino y se exportan a EE.UU. La industria automotriz china, que está dominada por joint venture con fabricantes de automóviles extranjeros que utilizan acero y aluminio fabricado en China, ahora está mirando hacia los mercados de exportación para seguir creciendo. La fabricación de aviones –otro consumidor de aluminio– se ha trasladado a China.
La realidad es que aumentar los aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio en EE.UU. probablemente eleve los precios en el país y los deprima internacionalmente. Y eso sólo potenciaría la ventaja de los costos que los fabricantes de China y otras partes del mundo tienen sobre EE.UU.
Eso ayudaría a China a aumentar su cuota de mercado global en las industrias de automóviles y de bienes de consumo. Y los aranceles que suben los costos de los insumos de los fabricantes estadounidenses sólo disminuirían su competitividad y serían negativos para uno de los principales objetivos económicos de la administración de Trump.
En Jiaxing en 2005, Ross ofreció algo de sabiduría: "China se ha convertido en un símbolo de los problemas de la actividad industrial de EE.UU. y de la balanza comercial", dijo. Eso aún es cierto. Ahora que él es secretario de Comercio debe tener cuidado con lo que hace para abordarlos. Los negociadores de comercio de la UE y México están en la Ciudad de México esta semana para la última ronda de conversaciones para mejorar un acuerdo comercial firmado en 2000. Se espera que las negociaciones concluyan a fin de año. Ambas partes están ansiosas por usar el acuerdo para fortalecer sus posiciones ante la administración de Trump. Los mexicanos tienen la mira puesta en la próxima renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta) con EE.UU. y Canadá.

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