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Argentina presidirá dos foros alérgicos al relato Trump

Argentina presidirá dos foros alérgicos al relato Trump
Cuando el gobierno argentino se postuló para traer a Buenos Aires las próximas deliberaciones de la undécima Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC), o cuando pidió hospedar y conducir la Cumbre Presidencial y los complejos trabajos del Grupo de los 20 (G20), no puso gran empeño en ponderar qué clase de delivery y de réditos podía surgir de esta carísima y exigente gestión oficial. Ninguno de esos foros está vacunado contra el factor Trump.
Aunque metidos en el baile no queda más remedio que terciar entre la aplastante mayoría de naciones que desean ajustar y reforzar el sistema de gobernabilidad concebido por el G20 tradicional y el relato mercantilista inspirado por Washington, el que sin duda no pasa los tests del archivo, el análisis o la cordura, es conveniente cerrar la caja de sorpresas.
Al hacerlo, no se puede olvidar que la Casa Blanca dejó de respaldar cualquier declaración que refleje lealmente la noción de ‘resistir toda clase de proteccionismo’. Ello no la inhibe de exigir, al mismo tiempo, que se agregue el calificativo ‘justo’ a las futuras definiciones de ‘libre comercio’ (free and fair trade), lo que supone crear una baratija legal para explicar eventuales cierres de su economía.
Todo lo anterior gira en torno de las reglas y compromisos globales de política comercial, cuya incidencia en la localización de inversiones, y por lo tanto en la creación o desaparición de fuentes de trabajo, da vida al fantasma de la exclusión social. Son reglas que también inciden en la absorción de tecnología, la manipulación de ciertos movimientos de capital, en la solidez de los enfoques de reactivación económica, en el costo de mitigar el Cambio Climático y, sin duda, en la genuina capacidad de ganar divisas.
Trump demostró que Hugo Chavez no es el único capaz de terminar de un irreflexivo plumazo el vínculo de Estados Unidos con la Asociación Transpacífica; de congelar la Asociación Transatlántica; de retirarse por cábala del Acuerdo sobre Cambio Climático (cosa que siquiera hizo Corea del Norte); de incomodar sin buenas razones a sus aliados de la OTAN; de jugar con la noción táctica de disolver el NAFTA y dejar que sobrevuele la amenaza de que si sus caprichos son desoídos, hará lo necesario para abandonar la OMC.
En los últimos meses todos los diálogos de alto nivel o presidenciales salieron mutilados por ese conflicto de enfoques, lo que no será gratis para la Conferencia Ministerial. Los requisitos populistas de Estados Unidos tensaron a discreción el debate sobre comercio y Cambio Climático en las reuniones de Ministros de Economía o Finanzas y de banqueros centrales del G20 realizada en Baden-Baden; en la primavera, de Ministros y Gobernadores de Bancos Centrales del Fondo Monetario efectuada en Washington; y en la Cumbre Presidencial del Grupo de los Siete de Taormina, Italia, donde Donald Trump quedó aislado de los otros seis líderes y ácidamente enfrentado con Angela Merkel, generando un antes y un después en el diálogo entre poderes del Atlántico Norte.
Hasta ese momento se decía que, al completarse el gabinete republicano con un buen profesional para dirigir la Oficina del Representante Comercial (el USTR), en obvia alusión a Robert Lighthizer, las cosas serían diferentes. El 11 de mayo éste último llegó al gobierno, pero los sismógrafos no trepidaron.
Si bien recientes interlocutores de Lighthizer confirmaron su condición de experto sofisticado, solvente y con vocación de diálogo, sólo aclaró sintéticamente los guiones de su jefe. Apenas se hizo cargo del USTR fue a la reunión de la APEC y al Consejo de Ministros de la OCDE. Ahí destacó que las reformas Trump para la OMC se orientan a lograr una férrea e indiscriminada reciprocidad en el comercio bilateral (en aparente cuestionamiento del Principio de Nación más Favorecida, comentario de este columnista), un criterio que debería aplicarse a todas las obligaciones arancelarias y fiscales de los Miembros de esa Organización y a cuanta regulación no arancelaria afecte al comercio (sea ésta sanitaria, ambiental o de calidad).
Al mismo tiempo, Washington desea incorporar el concepto de ‘déficit excesivo’ del intercambio (al que se definiría con un techo anual de desequilibrio monetario durante cierto período representativo de tiempo, por ejemplo tres años). El paquete haría suya una regla complementaría destinada a neutralizar las devaluaciones competitivas (al principio sólo para los acuerdos extra OMC), tema sobre el que ya hay una ‘inesperada’ receta del economista Fred Bergsten.
La purga debería llegar a las reglas de competencia (sobre dumping, subsidios y salvaguardias) y al replanteo de las disposiciones aplicables al mecanismo de solución de diferencias para evitar, por ejemplo, que los miembros del Órgano de Apelación de la OMC sigan legislando por su cuenta.
Es raro que nadie quisiera preguntarle a Lighthizer en qué consistirá el futuro apoyo de Estados Unidos a la OMC o Sistema Multilateral de Comercio, ya que tal reforma no torcería la voluntad estadounidense de concentrarse en negociar acuerdos bilaterales. O sea, ejercer al límite el poder hegemónico de negociación.
Ante semejante panorama, la Unión Europea decidió acelerar la construcción de una alianza estratégica con China, ya que ambos gobiernos desean fortalecer la OMC y crear un nuevo perfil de G20 (este tema será desarrollado en una próxima nota).
En adición a ello, las noticias que vienen de Ginebra confirman que el Comité de Agricultura de la OMC acordó seguir trabajando después de la Conferencia Ministerial de Buenos Aires sobre el objetivo de reducir los subsidios a la producción, lo que equivale a decir que nadie vendrá a estas pampas con una propuesta terminada. De modo que sin el milagro habitual de último momento, la Conferencia Ministerial se limitará, con mucha suerte, a la eliminación de ciertos subsidios a la pesca, a un acuerdo menor sobre Bienes Ambientales (sólo 18 Miembros) y otros souvenirs de igual envergadura. Y ¿cómo saldrán alineados los intereses argentinos?. Con la leyenda ‘pronóstico reservado’.

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