Como todas las que deben luchar para subsistir en la Argentina de hoy, las empresas de transporte terrestre de larga distancia no pasan por su mejor momento; de hecho, se trata de uno de los peores que tengan memoria en la última década.
Durante la temporada baja, cuando otros años subrevivían con fines de semana largo y eventuales minivacaciones, los bolsillos del consumidor se retrajeron tanto que ya no basta para sostener el negocio hasta la llegada del verano.
Desde principios de mayo, las principales empresas iniciaron un proceso de cancelación de servicios y reestructuración del negocio, como la unificación de pasajeros; incluso hay compañías que no logran pagar los sueldos de su personal, según da cuenta La Nación.
La fuerte baja del consumo, por un lado, y los escasos subsidios que les brinda el Estado son los factores principales para la crisis del sector.
El Gobierno Nacional, encima, favorece a las compañías aéreas de cabotaje, que salen a competir con mejores precios, en muchos casos, que el ómnibus. Las ‘low cost’ aparecen como las favoritas del macrismo, cuando no otras como Avianca, vinculada a la familia presidencial.
Entre las grandes empresas terrestres, como consecuencia, corre la idea de reconvertirse. Hasta ahora, al menos una presentó expediente en la Administración Nacional de Aviación Civil (Vía Bariloche) y otra estaría por hacerlo (Flecha Bus): pretenden brindar servicios aéreos.
Ello implica, como la otra cara de la moneda, que centenares de pequeñas empresas que no tienen acceso a esos niveles de inversión, podrían desaparecer, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo.
Un panorama que, como lo muestra cotidianamente la Terminal de Retiro, no pinta nada halagüeño.