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Los apodos que Odebrecht les puso a todos los que cobraban sobornos

Los apodos que Odebrecht les puso a todos los que cobraban sobornos
Cuando la constructora brasileña Odebrecht estaba construyendo una de las centrales hidroeléctricas más grandes del país, la represa San Antônio en el estado de Rondônia, no dejó nada a la azar.
El grupo, que ahora está en el centro de la mayor investigación por corrupción de Brasil, supuestamente pagó coimas a casi todos los que estuvieron vinculados con el proyecto con el fin de garantizarse que la obra avanzara con fluidez.
Políticos, policías, jefes sindicales y líderes de tribus indígenas de la región supuestamente recibieron dinero a cambio de eliminar cualquier oposición, según declaraciones de ex ejecutivos de Odebrecht presentadas ante la Corte Suprema.
Los caciques tenían su propio nombre "tribu" en el software que usaba Odebrecht para hacer el seguimiento de las coimas y sobornos pagados en cientos de proyectos en todo Brasil. "Las sumas se abonaban regularmente a los líderes de tribus indígenas a través de depósitos en sus cuentas bancarias", explicó Henrique Serrano do Prado Valladares, un ex ejecutivo de Odebrecht, en un testimonio brindado a fiscales a cambio de una disminución de la pena.
Lo que comenzó como una investigación de hechos de corrupción en la compañía petrolera estatal Petrobras –la operación Lava Jato– ahora se amplió y abarca Odebrecht, uno de sus principales contratistas. El alcance de las coimas de Odebrecht en la represa San Antônio y otros proyectos quedó detallado a raíz de una serie de testimonios tomados a raíz de delaciones premiadas acordadas por 77 ex ejecutivos.
Se trata de la evidencia más detallada hasta ahora de cómo penetró la corrupción en la sociedad. El canal de televisión Globo News describió el testimonio como un "tutorial de corrupción" de 900 horas.
Las revelaciones de Odebrecht también generan ciertas dudas sobre que tan efectiva será la investigación Lava Jato para poner fin a la corrupción en el largo plazo. "En Brasil las fronteras entre el sector privado y el estado siempre han sido muy confusas", dijo Carlos Melo, científico político de la universidad Insper en San Pablo. "Desafortunadamente, no es posible decir que esto es una excepción".
Nunca antes se vio tan claro lo confusas que son. En sus testimonios, los ex ejecutivos de Odebrecht mostraron cómo no sólo pagaban regularmente a todos los que se interpongan a sus proyectos, sino que la práctica era tan descarada que la trataban casi como un chiste. Quienes recibían las coimas en forma regular, desde presidentes hasta los funcionarios más rasos, tenían sobrenombres frívolos en las hojas de cálculo empleadas para hacer el seguimiento de los pagos. El software era operado por un departamento de Odebrecht llamado sección de "operaciones estructuradas".
Luiz Inácio Lula da Silva, el ex presidente por ejemplo, supuestamente se llamaba simplemente "amigo". A otro ex senador del Partido de los Trabajadores de Lula le decían "Ferrari". El ex líder de la oposición y ahora aliado de Temer, Aécio Neves, era "mineirinho", por su estado natal de Minas Gerais. A otras personas que recibían dinero les ponían nombres menos aduladores como "feo", "enano" o "Barbie". Todos los políticos nombrados en las delaciones premiadas niegan haber cometido ilícitos.
También eran comunes las referencias al fútbol. Arthur Maia, el político de la coalición gobernante de Temer a cargo de impulsar la reforma jubilatoria, recibía el nombre de "volante".
En el lenguaje de Odebrecht, "Internacional" era el código para el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) de Temer, del cual Maia era entonces miembro, y "volante" significaba diputado de la cámara baja del congreso.
Los analistas sostienen que en un país donde la corrupción forma un sistema en las sombras detrás de la fachada oficial de leyes y regulaciones, sólo una reforma integral podrá eliminarla. Pero hay fuertes señales de que la corrupción en Brasil va mucho más allá de Odebrecht y Petrobras.
Melo, de Insper, se refirió al reciente escándalo sobre el pago de coimas a inspectores sanitarios en las plantas procesadoras de carne, lo que demuestra que la corrupción es generalizada y está profundamente arraigada.

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